Por Rafael Irigoyen
Si México ha sufrido invasiones militares, políticas y
económicas ha sido por la existencia de complicidades. Basta recordar que
MAXIMILIANO DE HABSBURGO miembro de una dinastía que fue instaurada en
Austria en los inicios del siglo XVII
(1630) no llegó a estas tierras por instinto de su espíritu aventurero,
mexicanos hicieron acto de presencia en Europa para pedirle que viniera a
gobernarnos, también vale la pena recordar que durante la Guerra Intestina
llamada Revolución Mexicana varios caudillos acudieron a Los Estados Unidos a
pedirle su apoyo político a través de su reconocimiento y, militar a través de la venta de armas.
El Buque alemán IPIRANGA
a bordo del cual el Ex Presidente PORFIRIO DIÁZ abandonó el país, fue interceptado en Veracruz para decomisar
las armas que serían utilizadas contra
los revolucionarios, razón política por
la cual Los Estados Unidos Intervinieron en Veracruz el 21 de abril de 1914 con
el triste epílogo de la muerte del Cadete de la Heroica Escuela Naval VIRGILIO URIBE y el Teniente JOSE AZUETA y muchísimos civiles.
De última hora, la evasión del señor JOAQUIN GUZMAN LOERA
más conocido como EL CHAPO por su estatura,
le hubiera sido muy difícil escapar del Penal de Alta Seguridad del
Altiplano sin la ayuda de complicidades,
Ese tipo de complicidades orientadas por las ambiciones
personales no han permitido el desarrollo de México por anteponer, al igual que
en el pasado, políticas frustrantes y ambiciosas que tienen destino similar a
las ejecutadas en el pasado, es un SÍNDROME MEXICANO de luchar por el poder
desde trincheras personales, no institucionales, de haberlo hecho anteponiendo
civilidad y patriotismo a estas alturas hubieran tenido el mismo resultado, la
riqueza personal, con derivación hacia
las clases más necesitadas y fortaleciendo la clase media, sostén
tradicional de las economías en el
mundo.
El primer intento de realizar la Política de Apertura de México
al mundo ocurrió durante el mandato
presidencial de 1970-1976, durante esa época el Gobierno me confirió la
comisión de ser el Edecán del Secretario de la Defensa de Guatemala. Durante
una cena oficial me confió que su estancia era para agradecer al Presidente de
México su política de Apertura porque gracias a ella Guatemala abrió su
política exterior hacia Los Estados Unidos
después de más de veinte años de estar cerrada con la consigna de que
USA no debería enviar nada hacia el país
guatemalteco, ni siquiera un tornillo.
En el mandato presidencial actual comienza nuevamente con la
apertura al mundo exterior, con dos inconvenientes naturales e históricos, la necesidad que todos los mexicanos
contribuyan a dar resultados favorables el desarrollo nacional y la presencia
del síndrome mexicano de las complicidades para impedir la apertura.
La estrategia de ampliar el espectro económico al fortalecer
vínculos con países de Europa, es mal
visto por los seguidores de la filosofía del síndrome mexicano, aunque el
sentido común acepte y tonifique la idea de que sin dinero no hay desarrollo,
de ahí la necesidad de aceptar capital extranjero para robustecer la economía
mexicana mediante inversiones que
amplíen la rama productiva, aumente el empleo y mejoren los salarios.
Los alumnos inscritos en el síndrome, publican en los medios que, existe la evidencia de que se llevaran las
ganancias a otros países.
Es obligación de ellos y nosotros impedirlo en su
momento, lo cual requiere no adelantarse
a los hechos argumentando que solo existe la posibilidad, porque
también existe la posibilidad de la complicidad, para evitarlo es necesario hacer declaraciones
claras, objetivas y oportunas y no
vaticinar un desastre nacional con solo recordar lo que ocurrió en 1938.
En el año de la Expropiación Petrolera el pueblo acudió a
los centros de acopio y a los bancos para entregar su ayuda monetaria o, las joyas de su propiedad, a solicitud del Gobierno, la evidencia actual es que esos seguidores
del pronóstico de la desgracia explicado
en sus anuncios publicitarios, a pesar que esa política les ha servido de plataforma apuntalando
el debacle nacional con la llegada de
los capitales extranjeros o, con la venta de México a los extranjeros, solo tiene una demostración real y
objetiva, por más esfuerzos que
hacen, el pueblo ni siquiera les ha
dado la cantidad de votos calculados según su estrategia, pero intensifican su
publicidad contra un gobierno que pretenden destruir olvidándose de que es una
Institución que forma parte del Patrimonio Nacional.
Para aumentar la “desgracia” que presumen lo integrantes del
Síndrome Mexicano, el Gobierno Federal ha establecido compromisos comerciales con los 12 países que
integran la Asociación Transpacífica, como
miembro partícipe del 23 % del comercio mundial, que supera a los 28 países de la Comunidad Europea.
Aproximadamente hace
60 años el comercio mundial marítimo en el Océano Atlántico superaba al del
Pacífico, los volúmenes de transporte de mercancía por vía marítima fue
evolucionando hasta alcanzar actualmente el 52% del tráfico de mercancías en el
Océano Pacífico, es decir, ahora los bienes se distribuyen en mayor
volumen en los mares de la cual forman
parte los países miembros firmantes del Acuerdo de la Asociación Transpacífico.
A ese volumen para
transportar mercancías el Gobierno
Federal de México está intentando
integrarse para transportar los
bienes que produzcan las Empresas
asentadas en territorio nacional y con una probabilidad muy alta de que los
productos que provengan de Europa puedan comunicarse con el Océano Pacífico a
través del Corredor Económico del Norte
con enlace desde Matamoros hacia Mazatlán y con el Ferrocarril que correrá
de Salina Cruz a Coatzacoalcos o Veracruz, y en sentido inverso.
Es una proyección muy ambiciosa pero factible y su realización es lo que
debemos cuidar en lugar de destruir capacidades y esperanzas del pueblo de
México, no es quitarle razón a los miembros del Club del Síndrome Mexicano pero
sus explicaciones a pocos ciudadanos a dejado satisfechos desde el punto de
vista de la economía.
La economía mexicana está en serios problemas, pero
propiciando prácticas políticas de inestabilidad parece ser el camino
incorrecto para restablecer las condiciones políticas que todos queremos.


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