Por Pegaso
Andaba yo volando
allá, por el rumbo del lienzo charro Los Tamaulipecos, porque me había llegado
a mi WasApp la invitación para acudir a la Posada Navideña de la Unidad Priísta,
convocada precisamente por la dirigencia del Partido Revolucionario
Institucional y a la cual asistieron el gobernador Egidio Torre Cantú y los
presidentes municipales de Reynosa, Pepe Elías y de Río Bravo, Rogelio
Montemayor.
Ví un chorrotal de
gente, pero no vi piñatas, nivillancicos... Eso sí, repartieron bolsitas de
dulces a los chamacos y más de mil setecientos regalos entre la gente que
acudió a la convocatoria, principalmente los que integran la estructura de ese
partido en las colonias, operadores políticos, candidatas y candidatos.
Por cierto, yo
calculé que había unos dos mil quinientos asistentes, de los cuales, la mitad
eran candidatos.
Andaban por ahí
saludando de mano y tomándose la selfie los aspirantes a la presidencia
municipal, Rigoberto Garza Faz, Neto Robinson, Serafín Gómez y Marcos Olivares
Olvera, con una sonrisa de oreja a oreja.
El único aspirante
a gobernador que estuvo presente en esta ocasión fue Edgardo Melhem Salinas, al
igual que en la mañana lo hizo en Matamoros Baltazar Hinojosa Ochoa.
O sea, que la
posada se convirtió en una pasarela de candidatos, candidatas, candidatitos,
candidatores, candidateables y candidatuchos.
Más que una
tradicional posada, fue una pasarela, un escaparate para que los priístas de
Reynosa y Río Bravo sepan cuáles son las opciones que hay, antes de que la
cúpula tome la decisión final (en mis tiempos le decíamos dedazo; ahora le
dicen dandidato de unidad).
No fue una posada,
eso sí puedo asegurarlo.
Sí, se degustaron
los tamalitos en hoja de maíz y los tradicionales buñuelos.
Por ahí ví al
inefable Carlos Ibarra, el exmaromero, entrarle a la crujiente golosina.
Una verdadera
posada debe incluir, por supuesto, las letanías, la entrada de peregrinos, las
velitas y los villancicos.
Pudieron haber
llegado el gober y su comitiva cantando las siguientes estrofas: "E-e-en
el nombre del cie-e-elo, yo o-os pido posa-a-ada, pue.-es no puede anda-a-ar
mi-i-i esposa amada-a-ada".
Y en la entrada del lienzo charro el
empresario Javier Cantú Barragán, el secretario de Obras Públicas, Manuel
Rodríguez, el diputado Edgar Melhem y la diputada María Esther Camargo: "Entren santos, peregrinos, peregrinos,
reciban este rincóooon, que aunque pobre la morada, la morada, se las doy de
corazoooón".
Y más adelante toda
la estructura del partido: "Andale,
Egidio, no te dilates, con el nombre de los candidatos".
Inmediatamente
después se hubiera colocado la tradicional piñata de siete puntas con un chingo
de colaciones dentro, y entre ellas, unos papelitos con los nombres de los
"buenos" para la gubernatura, presidencias municipales y diputaciones
locales.
Digo. Yo creo que hubiera tenido más
atractivo. Aunque para la gente que
asistió lo único que les importaba era la rifa de regalos.
Eso sí, el PRI se
descosió entregando televisiones de pantalla plana, calentadores eléctricos,
tablets, electrodomésticos y hasta varias salas.
Me despido con el
refrán estilo Pegaso: "El individuo que te proporciona como alimento una
parte ósea, no desea que perezcas". (Quien te da unhueso no te quiere ver
muerto).



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