Por Pegaso
Andaba yo volando
allá, en la estratósfera, con mi chamarra bien afelpada y mi bufanda tejida
para aguantar este pinche friecito que cala hasta los huesos, agradeciendo a mi
pegasita por los tamalitos, el pavo, los pastelitos y todo el recalentado de
Navidad y Fin de Año.
Ahora ya sabemos que
todo eso tiene un propósito: echar lonja para soportar las bajas temperaturas
que nos han pegado duro en los últimos días.
Pero luego de la
borrachera viene la cruda (dicen).
Lo que llamamos
popularmente cuesta de enero no es otra cosa más que el resultado de nuestros
excesos.
Las casas de empeño
empiezan a recibir las televisiones, los relojes, las computadoras y todo lo
que recibimos como regalo navideño para hacer frente a los gastos que se nos
vienen en los primeros meses del año.
Pero la cuesta de
enero no sólo es de enero. De diez años
a la fecha se ha extendido a febrero y marzo, y júrelo usted que alrato va a
ser hasta de junio o julio, si bien nos va.
Con el dólar a
17.40, con el alza al precio del gas, con el aumento a algunos productos básicos,
como el tomate, con el "ajuste" a otros artículos de primera
necesidad, como la chela y los cigarros, ¿a dónde vamos a parar?
En México cada año
los pobres nos hacemos más pobres y los ricos más ricos.
Suben las tarifas
del teléfono y cada centavito va a dar a la billetera del señor Slim.
Pero los sueldos no
suben lo suficiente para neutralizar la inflación.
Ya se han
distanciado las idas a McAllen. Ahora
tenemos que conformarnos con comprar ropa de marcas chafas de las que venden en
Soriana porque la lana ya no alcanza para más.
Yo admiro a los
cien mil trabajadores de la maquila porque, con un sueldito miserable pueden
sobrevivir durante toda la quincena. O
tomaron un curso de Economía Avanzada o se hicieron fakires con todo y familia,
porque nadie puede vivir con un salario de mil quinientos pesos por semana.
Haga cuentas: Un kilo diario de tortillas, dos litros
diarios de leche, frijoles, arroz, harina, escuela de los güercos, mensualidad
de la casa, alguna ropa para la vieja, gasolina para el carro (el que tiene, si
no, para la pesera), la caguama que no falta por las tardes, el cine los fines
de semana y por supuesto, el pago de los servicios de agua, gas, luz y
teléfono.
Y eso es sólo lo
básico.
Desde hace años que
el mexicano tiene la obligación de buscar una o dos chambas extra para poder
compensar el minisueldo; hay otros que también ponen a trabajar a su consorte o
mandan a los chamacos a limpiar parabrisas en las calles.
La cuesta de enero
nos ubica nuevamente en la cruda realidad.
Por lo pronto,
pienso ir este día a la casa de empeño a dejar mi minitablet que me saqué con
Neto Robinson.
Por último, no
puede faltar el refrán estilo Pegaso:
"La carencia de alimento produce una mayor cantidad de heridas
causadas por las prolongaciones córneas de un ejemplar de Bos taurus".
(Más cornadas da el hambre).



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